Una definición que podríamos dar acerca de la responsabilidad civil es que ésta es la obligación que recae sobre una persona de reparar el daño que ha causado a otro, sea en naturaleza o bien por un equivalente monetario, habitualmente mediante el pago de una indemnización de perjuicios.  Aunque por lo general la persona que responde es aquella que causo el daño, es posible que una persona distinta a aquella que generó el daño se haga responsable de responder, en este caso estaríamos hablando de responsabilidad por hechos ajenos. Es muy difícil controlar todas las variables con las cuales nos enfrentamos en nuestra vida diaria. En todo momento de nuestra vida se pueden presentar eventualidades que no podemos controlar y que se conocen como riesgos. Nadie está exento de enfrentarse a estos riesgos sin embargo existen manera de prevenir una situación catastrófica que pudiese llevarnos hacia la ruina.

Una de las maneras más comunes de evitar que una obligación de resarcir daños ocasionados por un siniestro recaiga sobre nosotros es buscar la manera de que otra persona se haga responsable de resarcir los daños, es decir que otra persona tome responsabilidad por daños ajenos. Aunque a primera vista esto podría parecer contradictorio de hecho es justo lo que sucede cuando adquirimos un seguro. Cuando adquirimos un seguro lo que estamos haciendo es traspasar la responsabilidad civil a un tercero para no vernos en una situación apretada al momento de enfrentar un daño o siniestro. Es importante tener en cuenta que esto resulta ser una opción inteligente de prevenir una posible situación en la cual nuestro patrimonio podría disminuir por tener que resarcirle un daño ocasionado a una tercera persona. Por medio del pago de una prima podemos estar tranquilos al momento de salir a la calle pues ésta nos amparará en caso de que recaiga una responsabilidad civil sobre nosotros.

Pocas veces nos ponemos a considerar los diferentes riesgos a los cuales nos enfrentamos en nuestro día a día y son menos las veces en las cuales realizamos un cálculo para poder cuantificar de que manera provocarle un daño a alguien podría disminuir de manera significativa nuestro patrimonio. Si lleváramos a cabo el ejercicio anterior podríamos darnos cuenta de la necesidad de contar con un respaldo que nos ayude a hacer frente a una posible eventualidad en caso de que ésta sucediera. La manera más fácil de transferir este riesgo es hacerlo a través de una cobertura de seguro que nos brindará protección por un monto determinado y nos dará la tranquilidad y seguridad que necesitamos. No podemos estarnos asegurándonos ante todos los riesgos pues lo anterior sería muy costoso sin embargo resulta útil meditar acerca de las principales actividades que llevamos a cabo en nuestro día a día para tomar en cuenta los riesgos a los cuales estamos más expuestos.

Dependiendo las actividades que desarrollemos a lo largo de nuestra jornada podremos determinar cuáles son las responsabilidades civiles en las cuáles podríamos incurrir y por lo tanto podríamos determinar de qué manera mitigar el efecto adverso que estas podrían ocasionar sobre nosotros. Una vez que hemos identificado aquellas situaciones de riesgo es necesario acercarnos a entidades aseguradoras confiables para presupuestar el paquete que más se ajuste a nuestras necesidades. Lo anterior hará que podamos estar más tranquilos en nuestra vida cotidiana pues tendremos respaldo de parte de una compañía confiable en caso de que una eventualidad negativa se pudiese presentar. Transferir la responsabilidad civil a una institución que reúna y canalice los recursos de las diferentes personas que han buscado protegerse de los siniestros será una manera inteligente de actuar y nos protegerá ante eventos adversos.

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